Friday, July 6, 2012

Introducción del Libro sobre El Pinini - Herencia del tiempo


En los últimos treinta años el flamenco ha trascendido más allá de los humildes barrios gitanos del sur de Andalucía extendiéndose a fronteras que sobrepasan el suelo español.
Japón disfruta de una de los mayores tablaos flamencos fuera de España, e incluso en Inglaterra se pueden encontrar peñas flamencas y academias de baile en muchas de las ciudades más importantes.
Continuamente se nos recuerda el creciente interés por el flamenco que existe en lugares como Londres, donde numerosas revistas y publicaciones, sitios web y libros prometen enseñar el arte del baile flamenco o la guitarra en "tan solo unos pocos pasos fáciles de seguir".

El teatro Sadlers Wells de Londres acoge una vez al año un festival de flamenco, durante el cual artistas como Antonio El Pipa o Sara Baras deleitan al público con su genialidad, y un sin fin de estrellas del mundo flamenco hacen de Londres obligada parada en sus giras.

Mantengo un contacto permanente con personas que se han quedado cautivadas por el flamenco, gente que vive fuera de Andalucía y España, pero gente que ha tratado de instruirse y formarse sobre el flamenco dentro de las posibilidades ofrecidas en sus ciudades en Inglaterra.

Muchas de estas personas se quedan fascinadas ante el talento y la valía de bailaores como Joaquín Cortés o Rafael Amargo y ante la amalgama de artistas que han hecho de este arte una cultura mágica y deslumbrante.

Sin embargo, hay personas de este reciente ejército de aficionados a los que, además del flamenco, les interesa también el estilo de vida de los gitanos, de una cultura tan antigua y tradicional como ésta.
Andalucía es pieza esencial de la cultura flamenca como también lo son las gentes que la representan sencillamente con la rutina diaria del pueblo andaluz, en especial del pueblo gitano, que sellan el flamenco más puro.

En mi opinión para entender el flamenco de manera fiel a su esencia hay que convivir con esta raza y ser partícipe del estilo de vida que eso conlleva.
Igualmente, me inclino a pensar que para apreciar y valorar de verdad la cultura flamenca tal y como se concibe, uno debe tratar de ser testigo de primera mano en los alrededores de una antigua bodega o en el salón de la casa de alguien donde el flamenco nace de la mano de gente común y corriente que ni son artistas ni tienen la mínima intención de llegar a serlo.
La cultura del flamenco se ha fraguado y conservado así en los hogares de los gitanos y gitanas que cantan y bailan mientras hacen sus faenas diarias.
Esta forma de vivir no pretende crear artistas comerciales, de hecho, los padres de muchos de los grandes artistas no querían en absoluto que sus hijos se dedicaran a ello.
Muchos de los gitanos que vivían en pequeños pueblos y aldeas se ganaban la vida como carniceros  o trabajadores del campo y para ellos el cante flamenco suponía un medio de relajarse tras un día de trabajo.
Este fue el caso de la familia del protagonista de este libro – Fernando Peña Soto.

A Fernando se le conocía comúnmente como Popá Pinini, y aunque su leyenda se asienta en el hecho de que él fue el patriarca de una de las sagas más importantes en la historia del flamenco, fue un humilde carnicero que hacía su vida en Sevilla.

Como su voz nunca llegó a ser grabada no existe evidencia alguna de que este hombre fue un excepcional cantaor, ni tampoco vive nadie actualmente que pueda confirmar y demostrar con certeza que recuerdan su cante.
Existe una sola fotografía de este hombre sencillo que nació en un pueblo pequeño al sur profundo de Andalucía, y si se le preguntaran a la mayoría de los españoles, incluidos buena parte de los aficionados flamencos, probablemente no sabrían quién fue.

Sin embargo, muchos flamencólogos y aficionados incondicionales podrían contar que El Pinini era abuelo de La Fernanda de Utrera, una de las grandes cantaoras flamencas, y que era también bisabuelo de Inés y Pedro Bacán. Igualmente muchos saben que La Perrata es prima de La Fernanda y que también está emparentada con Mercedes La Serneta, pero son pocos los que, no siendo de raza gitana, conocen los lazos y  parentescos.
Mi propósito ha sido intentar de encajar todas las piezas de este intrincado y enrevesado árbol genealógico, y demostrar que este clan gitano es una de las más distinguidas familias que se asocian al flamenco, o de hecho, a cualquier otra cultura musical.
Las ramas de este árbol genealógico están cargadas de algunos de los más solemnes y enigmáticos artistas flamencos de los últimos doscientos años, y por tanto creo que es de razón que todos ellos queden registrados en una obra como esta.
Esta extensa saga puede desmembrarse o descomponerse en tres ramas o linajes: los Pinini, los Perrate y los Peña de Lebrija, incorporando y añadiendo los apellidos Bacán y Funi, y fundando, como se verá, una gran estirpe gitana.

Introduction - A Time-defying Heritage


Introduction

Over the last thirty years flamenco has worked its way out of the small gypsy districts in the lower regions of Andalucía and spread its branches to countries far away from Spanish soils.
 Japan has one of the biggest flamenco scenes outside of Spain and even in England you will find flamenco clubs and dance schools in many of the main towns.
 We are constantly reminded of the upsurge of interest in flamenco in places like London, where numerous magazines, web-sites and books offer to teach the art of the flamenco dance or guitar in a “few easy to follow steps”.
The Sadlers Wells theater in London presents a flamenco festival once a year, during which artistes like Antonio El Pipa or Sara Baras will delight audiences with their brilliance, and countless flamenco stars make London a must-stop on their world-tours. 
I am in regular contact with people who have become interested in flamenco; people who do not live in Andalucía or Spain, but people who have tried to learn about flamenco in the comfort of their own towns in England.
 Many of these people are dazzled by the talents of dancers like Joaquin Cortes or Rafael Amargo and the mass of other artistes who have transformed the art of flamenco into a glitzy superstar culture.
 But there is few of this new army of fans that would be interested in the traditional gypsy-family style of this age old art.

Andalucía is as much a part of flamenco as are the people that perform it and it is simply the daily routines of the andalucian people, especially the gypsies, who will inspire the best flamenco.
 It is my belief that in order to understand flamenco correctly you must live among these people and participate in the life style that is attached to it. 
I am also inclined to believe that in order to truly appreciate flamenco as it was intended you must witness it first hand in the surroundings of an old bodega or in someone’s living room where it is performed by everyday people who are not artistes and who have no intention of ever becoming one. 
The flamenco culture has been moulded and preserved in the homes of the gypsies who would sing and dance whilst attending their daily routine. 
This way of life was never about producing commercial stars, in fact the parents of many of the greatest performers did not want their children to become flamenco artistes at all.
 Many of the gypsies in the small towns and villages were butchers or farm labourers who used the flamenco song as a means of unwinding or relaxing after a day’s work.

This was certainly the case with the family of the subject of this book - Fernando Peña Soto.

Fernando was known locally as Popa Pinini and although his legend is based on the fact that he was the patriarch of one of the most important families in flamenco history, he was a simple butcher who made his living in Seville.
His voice was never recorded so therefore there is no concrete evidence that this man was an exceptional singer and there is not anyone alive today who could honestly declare that they could remember his singing.

There exists only one photograph of this humble man, who was born in a small village deep in the lower region of Andalucía, and if you were to ask the average Spaniard, including a good crop of the flamenco fans, they probably would not know who he was. 
  
There are, however, many flamencologists or died-in-the-wool aficionados that will be able to tell you that El Pinini was the grandfather of La Fernanda de Utrera, one of the greatest singers in flamenco history, and that he was also the great grandfather to Inés and Pedro Bacán. There are also many who will know that La Perrata is the cousin of La Fernanda and that she is also related to Mercedes La Serneta, but there are few who will know how they are related, other than because they are of gypsy origin.

It has been my intensions to try to piece together this intricate family tree and demonstrate that this gypsy clan is one of the mightiest families to be associated with flamenco, or in fact, any musical culture.

The branches of this genealogical tree are laden with some of the most majestic and most inspiring flamenco performers of the last two hundred years and I believe that they need to be documented together in one volume; something which, apparently has never been done before.

This huge family can be separated or broken down into three sections: Pinini, Perrate, and the Peñas of Lebrija, which incorporates the names of Bacán and Funi, and as we shall see, they are in fact one large family.

A Time-defying Heritage by Tony Bryant is available from www.books4spain.com